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sábado, 27 de febrero de 2021

29. VICTORIA PASO A PASO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.

Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. (1 Corintios 9: 26, 27).
Dios conduce a su pueblo paso a paso.  La vida cristiana  es una marcha y una batalla. En esta guerra no hay tregua. El esfuerzo debe ser constante y perseverante. Mediante la lucha persistente es como se obtiene la victoria sobre las tentaciones de Satanás. La integridad cristiana se logra buscándola con avidez y con irresistible energía, y se la mantiene en virtud de una definida resolución de propósitos...

El cristianismo tiene un tema que debe ser enseñado, una ciencia mucho más profunda, amplia y alta que todas las disciplinas humanas y más elevada que el cielo.  Dadas nuestras inclinaciones, si deseamos servir a Dios, primero la mente debe ser educada, adiestrada y disciplinada. 

 Hay tendencias al mal que tenemos que superar.  Algunas han sido heredadas y otras cultivadas.  Con frecuencia, hay que descartar la capacitación y la educación de toda una vida si uno desea aprender en la escuela de Cristo. El corazón debe ser educado para que esté firme en Dios.  Hay que cultivar hábitos de pensamiento que capaciten para resistir la tentación.  Tenemos que aprender a mirar hacia arriba.  Los principios de la Palabra de Dios -tan elevados como los cielos, y que abarcan la eternidad-, deben entenderse e incorporarse a nuestra vida.  Cada hecho, cada palabra y cada pensamiento tiene que estar en armonía con ellos.

Los preciosos dones del Espíritu Santo no se desarrollan en un momento. El valor, la fortaleza, la mansedumbre, la fe y la confianza inconmovible en el poder de Dios para salvar, se adquieren por la experiencia de los años. En virtud a una vida de esfuerzos santos y de una firme adhesión a los principios rectos, es como los hijos de Dios sellarán su destino. No tenemos tiempo que perder. No sabemos cuán pronto finalizará el tiempo de gracia. La eternidad se extiende delante de nosotros. El telón está a punto de levantarse. Cristo pronto volverá. Los ángeles de Dios están tratando de sustraernos de nosotros mismos y de las cosas terrenales.  No permitamos que trabajen en vano. Testimonies, t. 8, pp. 313, 314. 71 RP EGW

28. CRECIMIENTO CONTINUO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Más la senda de los justos es como la luz de la aurora, 
que va en aumento hasta que el día es perfecto. (Proverbios 4: 18).
A un costo infinito se hizo provisión para que podamos alcanzar la perfección del carácter cristiano. Los que han tenido el privilegio de escuchar la verdad, y, gracias al Espíritu Santo recibieron la impresión de aceptar las Escrituras como la voz de Dios, no tienen excusas por ser pigmeos en la vida religiosa. Mediante el ejercicio de las facultades que Dios nos ha dado, diariamente debemos aprender a recibir, sin interrupción, el poder y el fervor espirituales provistos para los verdaderos creyentes.  Si deseamos ser plantas crecidas en el huerto del Señor, en verdad necesitamos tener una constante provisión de vida espiritual.  Entonces, el desarrollo se producirá en la fe y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.  
 
No existen términos medios para desentendernos de nuestra responsabilidad.  Con el fin de desarrollar un carácter religioso sólido, debemos mantener nuestro avance rumbo al cielo. La medida que recibamos del Espíritu Santo estará en proporción a la dimensión de nuestros deseos, a la fe ejercida por ellos, y al uso que hagamos de la luz y del conocimiento que se nos dio. El Espíritu Santo será impartido de acuerdo con la capacidad que cada uno desarrolle para recibirlo, y para darlo a conocer a otros.  
 
Cristo dijo: "Todo aquel que pide, recibe; y el que busca halla" (Luc. 11: 10). El que realmente busca la preciosa gracia de Cristo, estará seguro de no ser defraudado. La promesa la hizo Uno que no nos decepcionará.  No es una teoría o una máxima religiosa, sino un hecho, como lo es la ley del gobierno divino. Podemos estar seguros de recibir el Espíritu Santo, si individualmente tratamos de experimentarlo al someter a prueba la Palabra de Dios. El es verdad; su orden es perfecto. "El que busca, halla; y al que llama, se le abrirá" (Luc. 11: 10).  La luz y la verdad brillarán de acuerdo con nuestro deseo interior. ¡Oh, que todos seamos hambrientos y sedientos de su justicia, y que podamos ser saciados! Review and Herald, 5 de mayo de 1896. RP EGW  70
 

viernes, 26 de febrero de 2021

27. SANTIFICADOS, MAS NO SIN PECADO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. 
(1 Corintios 1: 30, 31).
Necesitamos establecer la diferencia entre la santificación falsa y la genuina.  La santificación no es meramente profesar y enseñar la Palabra de Dios, sino vivir conforme a su voluntad.  Los que creen estar sin pecado, y hacen alarde de su santificación, desconocen el peligro en que se encuentran por confiar en sí mismos.  Se apoyan en la suposición de que habiendo experimentado una vez el divino poder de la santificación, están libres del riesgo de caer.  Creyendo ser ricos, y pensando que no necesitan nada, ignoran que son miserables, pobres, ciegos y desnudos.

Sin embargo, los que verdaderamente han sido santificados, tienen un concepto muy claro acerca de su debilidad.  Conscientes de su necesidad, acuden a la fuente de gracia y fortaleza que está en Cristo, el único en quien reside toda la plenitud y puede satisfacer sus necesidades.  Al ser conscientes de sus imperfecciones, buscan la manera de llegar a ser más semejantes a Jesús y de vivir en mayor armonía con los principios de su santa ley.  La permanente sensación de incapacidad los conduce a depender enteramente de Dios, quien les permite ejemplificar la obra del Espíritu.  Los tesoros del cielo están disponibles para atender las necesidades de todos los que interiormente sienten hambre y sed.  Los que experimentan esto tienen la certeza de que un día contemplarán las glorias de ese reino que la imaginación apenas ahora puede concebir.

Los que ya sintieron el poder santificador de Dios no deben caer en el peligroso error de pensar que están libres del pecado, que ya alcanzaron los niveles más elevados de la perfección, y que, por lo tanto, están fuera del alcance de la tentación.  La norma de todo creyente debería ser mantener un carácter puro y bondadoso como el de Cristo.  Día tras día podrá añadir nuevas bellezas, y reflejar al mundo más y cada vez más la imagen divina.
 Bible Echo, 21 de febrero de 1898. RP EGW 69

jueves, 25 de febrero de 2021

26. LIBRE DE LA MALDIClÓN DEL PECADO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, 
tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna (Romanos 6: 22).
El Señor quiere que los suyos sean sanos en la fe: que no ignoren la gran salvación que les es ofrecida tan abundantemente. No han de mirar hacia adelante pensando que en algún tiempo futuro se hará una gran obra en favor suyo, pues es ahora cuando se la completa.  El creyente no es exhortado a que haga paz con Dios. Nunca lo ha hecho ni jamás podrá hacerlo.  Ha de aceptar a Cristo como su paz, pues con Cristo están Dios y la paz. Cristo dio fin al pecado llevando su pesada maldición en su propio cuerpo en el madero, y ha quitado la maldición de todos lo que creen en él como un Salvador personal.  Pone fin al poder dominante del pecado en el corazón, y la vida y el carácter del creyente testifican de la naturaleza genuina de la gracia de Cristo.

A los que le piden, Jesús les imparte el Espíritu Santo, pues es necesario que cada creyente sea liberado de la corrupción, así como de la maldición y condenación de la ley.  Mediante la obra del Espíritu Santo, la santificación de la verdad, el creyente llega a ser idóneo para los atrios del cielo, pues Cristo actúa dentro de él y la justicia de Cristo está sobre él.  Sin esto, ningún alma tendrá derecho al cielo.  No disfrutaríamos del cielo a menos que estuviésemos calificados para su santa atmósfera por la influencia del Espíritu y la justicia de Cristo.

A fin de ser candidatos para el cielo, debemos hacer frente a los requerimientos de la ley: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo" (Luc. 10: 27).  Sólo podremos hacer esto al aferrarnos por fe de la justicia de Cristo.  Contemplando a Jesús recibimos en el corazón un principio viviente y que se expande; el Espíritu Santo lleva a cabo la obra y el creyente progresa de gracia en gracia, de fortaleza en fortaleza, de carácter en carácter.  Se amolda a la imagen de Cristo hasta que en crecimiento espiritual alcanza la medida de la estatura plena de Cristo Jesús.  Así Cristo pone fin a la maldición del pecado y libera al alma creyente de su acción y afecto. Mensajes selectos, t. 1, pp. 462, 463. RP EGW

miércoles, 24 de febrero de 2021

25. COOPERAR CON EL ESPÍRITU. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. (Filipenses 2: 12).

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Cor. 5: 17). Nada, a no ser el poder divino, puede regenerar el corazón humano e infundir al creyente el amor de Cristo a fin de que lo manifieste a otros por los cuales él también murió. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Cuando Dios convierte a una persona le da nuevas inclinaciones por las cosas morales, y nuevas y poderosas motivaciones para que pueda apreciar lo mismo que Dios ama. Su vida queda asegurada por la dorada cadena de las inmutables promesas de Cristo. El amor, el regocijo, la paz y una gratitud inexpresable llenarán el ser entero; la expresión del que recibe estas bendiciones será: "Tu benignidad me ha engrandecido" (Sal. 18: 35).

Sin embargo, los que sin esfuerzo alguno de su parte esperan ver un cambio mágico en su carácter, sufrirán un chasco. Los que acuden a Cristo, mientras lo contemplen, no tienen razones para temer, ni tampoco motivos para poner en duda su capacidad de salvar hasta lo sumo. Constantemente deberíamos desconfiar de nuestra vieja naturaleza, que puede reconquistar la supremacía, si el enemigo logra hacernos caer en alguna trampa inventada para que volvamos a ser cautivos suyos. Debemos obrar nuestra propia salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en nosotros produce así el querer como el hacer por su buena voluntad. Con nuestro poder limitado tenemos que llegar a ser tan santos en nuestra esfera como Dios lo es en la suya.

Según nuestras capacidades, debemos dar a conocer la verdad, el amor y la excelencia del carácter divino. Así como la cera recibe la impresión del sello, el creyente debe registrar la impronta del Espíritu de Dios para retener la imagen de Cristo. Diariamente debemos crecer en amor espiritual. En nuestros esfuerzos por copiar el Modelo divino podremos tener fracasos frecuentes, y quizá muchas veces tengamos que inclinarnos para llorar a los pies de Cristo a causa de nuestros negligencias y errores. Pero no debemos desanimarnos; necesitamos orar con mayor fervor, creer más, y volver a probar en forma más resuelta con el propósito de poder crecer a la semejanza de nuestro Señor.- Signs of the Times, 26 de diciembre de 1892. 67

martes, 23 de febrero de 2021

24. HECHOS A SU IMAGEN. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2 Corintios 3: 18).

En su glorificada humanidad Jesús ascendió al cielo para interceder en favor de los agobiados por el pecado y por los que padecen luchas interiores. "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia" (Heb. 4: 15, 16).

Continuamente deberíamos estar mirando a Jesús, el Autor y el Consumador de la fe. Al contemplarlo seremos transformados a su imagen, y nuestro carácter llegará a ser semejante al suyo. Deberíamos regocijarnos de que el juicio haya sido dado al Hijo, quien, gracias a su humanidad, pudo familiarizarse con todas las dificultades que acosan al ser humano.  

En la medida que aprendamos en la escuela de Cristo, y al ir asimilando su espíritu y su mente, seremos santificados y llegaremos a ser partícipes de la naturaleza divina. "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor" (2 Cor. 3:18). Es imposible que uno cambie como resultado de sus propias facultades y esfuerzo. Sólo por el Consolador. el Espíritu Santo, que Jesús prometió enviar al mundo, puede producirse la transformación del carácter a la imagen de Cristo; y al lograrse este cambio, como en un espejo reflejaremos la gloria del Señor.

La persona que observa el carácter del que contempla a Jesús ve la misma semejanza como si estuviera viéndolo a él en un espejo. ímperceptiblemente para nosotros, nuestra manera de ser y actuar diariamente es transformada a la imagen del amoroso carácter de Cristo. De este modo es como crecemos en Jesús e inconscientemente reflejamos su carácter. Los cristianos profesos se mantienen muy cerca de los niveles más bajos de la tierra. Sus ojos están acostumbrados a mirar sólo cosas comunes, y sus mentes a reflexionar en lo que los ojos se habitúan a contemplar. Generalmente su experiencia religiosa es superficial e insatisfactoria, y sus palabras son livianas y sin valor. ¿Cómo pueden en esas condiciones reflejar la imagen de Cristo? ¿Cómo podrán difundir los brillantes rayos del Sol de Justicia en los lugares oscuros de la tierra? Ser cristiano es ser semejante a Cristo. Review and Herald, 28 de abril de 1891. 66


lunes, 22 de febrero de 2021

23. DESCANSO EN ÉL. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. (Mateo 11: 29). 
Mientras usted anduvo con mansedumbre y humildad de corazón, prosiguió la tarea que sólo Dios podría realizar en su ser. Obró en su espíritu tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. El mayor placer reside en permanecer en Cristo y descansar en su amor. No permita que nada le robe la paz interior, la tranquilidad y la certeza de que ahora mismo usted es aceptado. Aférrese de cada promesa, todas le pertenecen si cumple con las condiciones que el Señor estableció. Someter completamente a Jesús todos sus caminos, es muy sabio; seguir la senda del Señor es el secreto del perfecto descanso en su amor. 

Darle la vida significa mucho más de lo que podemos imaginar. Debemos aprender de su mansedumbre y humildad antes de que podamos darnos cuenta de lo que significa el cumplimiento de la promesa: "Y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11: 29). Como resultado de haber aprendido los hábitos de Jesús, su humildad y su docilidad, cuando se toma el yugo, el yo es transformado y nace entonces la deseo de saber más. No existe nadie que no tenga mucho que aprender. Todos deben ser enseñados por el Maestro. 

 Cuando el creyente se entrega en las manos del Señor, cada obstáculo del carácter heredado o cultivado es eliminado. Así es como llega a ser participante de la naturaleza divina. Sólo cuando muere el yo, Cristo puede vivir en el agente humano. El creyente habita en Cristo, y Jesús en él. 

Cristo desea que todos lleguen a ser estudiantes suyos. Dice: "Acepta mis enseñanzas; rinde a mí todo tu ser. No voy a anularte, sino que quiero desarrollar tu carácter para que estés en condiciones de recibir el pase del nivel primario a una escuela superior. Somete a mí todas tus cosas. Deja que mi vida, mi paciencia, mi resignación, mi clemencia, mi mansedumbre y mi docilidad puedan ser reproducidas en tu carácter como resultado de habitar en mí y yo en ti. Entonces no sólo recibirás las promesas, sino que también "hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11: 29). Bible Training School, 1º de agosto de 1903. 65 RPEGW

domingo, 21 de febrero de 2021

22. COMPLETOS EN ÉL. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. (Colosenses 2: 10). 
Usted no podrá entrar al cielo con ninguna deformidad o imperfección de carácter. Durante el período de prueba de la vida debe recibir la preparación necesaria. Si desea tener acceso a las moradas de la justicia cuando Cristo venga, ahora debe ser objeto de la obra profunda del Espíritu Santo que se hace visible en la experiencia personal. Esto lo hará completo en Cristo, quien es la plenitud de la Divinidad corporalmente.  

En virtud del poder de la justicia de Cristo, podemos abandonar toda iniquidad. Debe haber una conexión viviente entre la criatura y su Redentor. El canal de comunicación entre ambos tiene que permanecer continuamente abierto, para que el ser humano pueda crecer en la gracia y el conocimiento de su Señor. Sin embargo, cuántos no oran. Sienten que están bajo los efectos de la condenación del pecado, y siguen pensando que no pueden acercarse a Dios, a menos que logren conseguir algún mérito o que él se olvide de sus transgresiones. Dicen: "Como no puedo presentarle manos santas, sin  iras ni dudas, todavía no puedo ir". De este modo permanecen alejados de Cristo, y, mientras piensan así, están pecando, puesto que sin él nada bueno podemos hacer. 

El que comete un pecado, inmediatamente debería correr al trono de la gracia para confesarlo a Jesús. Al mismo tiempo, debería llenarse de tristeza, porque el pecado debilita la espiritualidad, aflige a los ángeles celestiales, y lastima y hiere el amante corazón del Redentor.   Pero cuando con contrición le pida perdón, crea que él ya lo perdonó.   No ponga en duda la gracia divina, ni rehuya el bálsamo de su amor infinito.

Si un hijo desobedece y realiza algo condenable en contra suya, y luego con tristeza de corazón viene a pedirle perdón, usted sabe perfectamente bien lo que haría. Seguramente lo acercaría a su pecho para garantizarle que su amor no ha cambiado, y que la transgresión está perdonada. 

¿Será que usted es más misericordioso que nuestro Padre que está en los cielos, que dio "a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3: 16)?  Usted debería ir a Dios del mismo modo como una criatura acude a sus padres. Pídale perdón a Dios por sus errores, y ore para que por su gracia pueda superar todos sus defectos de carácter. Bible Echo, 1º de febrero de 1892. 64 RPEGW

sábado, 20 de febrero de 2021

21. CONTÉMPLALO A ÉL. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. (Isaías 45: 22). 
Con el propósito de cumplir con las exigencias de la ley, la fe debe aferrarse de la justicia de Cristo aceptándola como nuestra justificación. Gracias a la unión con Jesús, por fe, y mediante la aceptación de su justicia, podemos ser calificados para el servicio de Dios, y coparticipar en la obra del Señor. A fin de darle a la justicia eterna el lugar que le corresponde, usted manifestará que no tiene fe si está dispuesto a dejarse arrastrar por las corrientes pecaminosas, y si no quiere cooperar con las agencias celestiales a fin de refrenar la transgresión en su familia o en la iglesia. La fe obra por amor y purifica al ser entero. Por intermedio de la fe, el Espíritu Santo actúa en el interior del corazón para santificarlo; sin embargo, es imposible que pueda cumplir con su ministerio si el agente humano no está dispuesto a obrar con Cristo. Únicamente la obra del Espíritu Santo en el corazón nos preparará para el cielo. 

 Si deseamos tener acceso al Padre, la justicia de Cristo debe ser nuestra credencial. Para que podamos obtenerla y ser partícipes de la naturaleza divina, diariamente necesitamos ser transformados por la influencia del Espíritu Santo, cuya misión es elevar el gusto y santificar el corazón a fin de que todo el ser sea ennoblecido. Desde tu interior mira a Jesús. "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29). 

 Nadie está obligado a mirar a Cristo; sin embargo, la voz que invita con gran súplica dice: "Mira y vive". 
Si contemplamos a Cristo, descubriremos que ese amor no tiene igual, un amor que estuvo dispuesto a tomar el lugar de los pecadores para imputarnos su justicia inmaculada. Cuando el transgresor sabe que por causa de la maldición del pecado el Salvador murió por él, al reflexionar en ese acto piadoso, el amor despierta en su corazón. 
 El pecador ama a Cristo, porque Cristo lo amó primero. 

 La esencia de la ley es el amor. La persona que se arrepiente sabe que Dios "es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). El Espíritu de Dios obra en el corazón del creyente con el fin de capacitarlo para que haga avances de un nivel de obediencia a otro más alto, de una fortaleza a otra más fuerte, y para que ascienda de gracia en gracia en Cristo Jesús. Review and Herald, 1º de noviembre de 1892. 63 RP EGW

domingo, 28 de junio de 2020

20. PERMANECER EN ÉL. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.  (Juan 15: 4).
Debemos orar para que se nos imparta el divino Espíritu, que es el único remedio para la enfermedad del pecado.  Las verdades de la revelación, sencillas y fáciles de entender, son aceptadas por muchos como algo que satisface lo que es básico y esencial para la vida.  Pero cuando el Espíritu Santo actúa sobre la mente, despierta el deseo más intenso por toda la verdad incorruptible.  El que realmente desea conocerla, no permanecerá en la ignorancia, ya que la preciosa verdad recompensa al que la busca con diligencia.  Necesitamos sentir el poder de conversión de la gracia de Dios. Insto a todos los que se distanciaron de su Espíritu a que destraben la puerta de sus corazones, y supliquen con fervor: Habita en mí. ¿No deberíamos postrarnos ante el trono de la gracia para que el buen Espíritu de Dios sea derramado sobre nosotros, tal como sucedió con los discípulos?  Su presencia ablanda corazones endurecidos y los inunda de alegría y regocijo transformándolos en canales de bendición.
El Señor desea que cada uno de sus hijos sea rico de esa fe que es fruto de la actuación del Espíritu Santo en la mente.  Además de habitar en cada creyente que desea recibirlo, al impenitente habla palabras de advertencia para mostrarle a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.  También hace que la luz brille en la mente de los que están deseosos de cooperar con Dios, impartiéndoles eficiencia y sabiduría para realizar su obra.
El Espíritu Santo jamás deja sin asistencia al que contempla a Jesús.  Al que lo busca, le muestra las cosas que son de Cristo.  Si sus ojos permanecen fijos en Jesús, la obra del Espíritu Santo no cesa hasta que el creyente es conformado a la imagen del Maestro.  En virtud de la bendita influencia del Consolador, los propósitos y el espíritu del pecador cambian hasta llegar a ser uno con Dios.  
Sus afectos por él aumentan, tiene hambre y sed de su justicia, y, al contemplar a Cristo, 
es transformado de gloria en gloria y de un carácter a otro mejor, hasta ser más 
y más semejante al Maestro.               
Signs of the Times, 27 de septiembre de 1899. 62 Recibiréis Poder (EGW).

domingo, 12 de abril de 2020

19. CON LA MENTE DE CRISTO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? 
Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Corintios 2: 16).
A medida que la verdad convierte al hombre, comienza la transformación del carácter.  Como resultado de la obediencia se produce el aumento de la comprensión.  La mente y la voluntad de Dios llegan a ser las suyas, y al buscar permanentemente el consejo de la Deidad, el discernimiento crece en forma constante.  Bajo la dirección del Espíritu de Dios se produce un desarrollo general de las facultades mentales que son consagradas a él sin reservas.

Esta no es una educación unilateral, que desarrolla sólo una parte del carácter.  Al contrario, revela los principios del desarrollo armonioso de todo el ser.  Al superar las debilidades del carácter vacilante, la piedad y la devoción continua establecen tal relación con Jesús, que la persona llega a tener la mente de Cristo.  Además, al desarrollar claridad de percepción, y también principios firmes y saludables, el creyente llega a ser uno con Jesús, quien le imparte la sabiduría que procede de Dios, fuente de toda luz y comprensión.

La gracia divina se derrama sobre el ser humilde, obediente y concienzudo a semejanza del Sol de Justicia, quien fortalece las facultades mentales de los que se esfuerzan en utilizar los talentos al servicio del Maestro.  En forma admirable, y aunque parezca sin importancia, la obediencia fortalece y hace crecer en el conocimiento de Jesús, práctica que habilita para llevar muchos frutos en buenas obras para la gloria de Dios. 
 Fue así como los que han sido notables por sus logros, aprendieron las más preciosas lecciones del ejemplo de quienes el mundo considera ignorantes.  Sin embargo, éstos podrían haber tenido una visión más profunda si hubiesen obtenido niveles más altos de conocimiento en la enseñanza formal y también en la escuela de Cristo.
Cuando se estudia la Palabra de Dios, se produce una notable apertura y fortalecimiento de las facultades mentales.  Mediante la asimilación de las Escrituras, y gracias a la intervención del Espíritu Santo, es como la verdad divina entra en el corazón para purificar y refinar todo el ser.
 Review and Herald, 19 de julio de 1887. 61
 Recibiréis Poder (EGW).

18. UN CARÁCTER SEMEJANTE A CRISTO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (Colosenses 3: 3).
Jesús es el modelo perfecto.  En lugar de complacer al yo y de hacer lo que nos parece, tratemos de reflejar su imagen. El fue bondadoso y cortés, tierno y compasivo. ¿Somos semejantes a él en estas virtudes? ¿Deseamos que nuestras vidas tengan la fragancia de las buenas obras? Lo que necesitamos es la sencillez de Cristo. Temo que un espíritu duro e insensible, enteramente diferente del Modelo divino, haya tomado posesión del corazón de no pocos. Esta conducta inflexible, alimentada por muchos que la consideran una virtud, tiene que ser removida para estar en condiciones de amar a otros, como Cristo nos amó a nosotros.

No es suficiente que nos limitemos a la simple expresión de fe.  Se necesita más que un asentimiento nominal.  Debe haber un conocimiento real; una experiencia genuina en los principios de la verdad que está en Cristo.  El Espíritu Santo debe obrar en el interior para exponer estos principios a la fuerte luz de un conocimiento claro acerca de ellos, y, al conocer su poder, dejar que actúe en la vida.  La mente debe rendir obediencia a la real ley de la libertad, que es impresa en el corazón y llega a ser entendida plenamente gracias al Espíritu Santo.  La expulsión del pecado debe ser un acto del mismo ser, basado en el ejercicio de sus más nobles facultades.  La única libertad de la cual puede disfrutar la voluntad finita está en ponerse en armonía con la voluntad de Dios, cumpliendo con las condiciones que le permiten al hombre ser participante de la naturaleza divina por haber huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia...

El carácter humano, deformado por el pecado, es depravado y terriblemente diferente del que tuvo el primer hombre cuando salió de las manos del Creador.  Jesús se propuso tomar la pecaminosa deformidad humana y, en cambio, devolverle su propio carácter hermoso y excelente.  Se compromete a renovar todo el ser mediante la verdad. 
El error no puede realizar esta obra de regeneración; sin embargo, necesitamos tener visión espiritual para poder discernir entre la verdad y la falsedad, a fin de no caer en las trampas del enemigo.
 Review and Herald, 24 de noviembre de 1885. 60
 Recibiréis Poder (EGW).

lunes, 30 de marzo de 2020

17. LIMPIANDO LA CASA. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. (Salmos 51: 10).
"Crea en mí un corazón limpio".  Este es un buen comienzo, dado que el verdadero carácter cristiano tiene su fundamento en los hechos que nacen en el corazón.  Si todos, feligreses y ministros, estudiaran sus corazones con el fin de descubrir si es que están, o no, en armonía con Dios, veríamos mayores resultados en las labores que realizamos.  Cuanto más importante, y de mayor responsabilidad sea la obra, mayor será la necesidad de tener un corazón limpio.  Esta gracia imprescindible se provee para que el poder del Espíritu Santo apoye cada esfuerzo que haga el creyente tendiente a lograr ese propósito.

Si cada criatura buscara a Dios en forma diligente, habría mayor crecimiento en la gracia y cesarían las disensiones.  Los creyentes serían de una mente y un corazón, y la pureza y el amor prevalecerían en la iglesia. Somos transformados por la contemplación.  Cuando más consideremos el carácter de Cristo, mejor reproduciremos su imagen.  Ven a Jesús así como eres y él te recibirá, y pondrá una nueva melodía en tus labios para que puedas alabar constantemente a Dios.

"No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu" (Sal. 51: 11). Tanto el arrepentimiento como el perdón son dones de Dios que recibimos por medio de Cristo. Gracias a la influencia del Espíritu Santo somos convencidos de pecado y sentimos la necesidad de perdón.  Siendo que la gracia de Dios es la que produce contrición, ninguno es perdonado a no ser por la gracia del Señor que contrita el corazón.  Puesto que conoce nuestras debilidades y flaquezas, Dios está dispuesto a ayudarnos.  El oye la oración de fe; sin embargo, la sinceridad de la plegaria únicamente puede demostrarse si hay un real esfuerzo personal de vivir en armonía con la gran norma que prueba el carácter de cada persona.

Necesitamos abrir nuestros corazones a la influencia del Espíritu y a la experiencia de su poder transformador.  La razón por la cual el creyente no recibe más de la asistencia salvadora de Dios, se debe a que el canal de comunicación entre él y el cielo está obstruido con asuntos mundanos, y porque prima el amor a la ostentación y el deseo de supremacía.  Mientras algunos se adaptan más y más a las costumbres de este mundo, nosotros deberíamos amoldar nuestras vidas al modelo divino.  Cuando seamos fieles al pacto, Dios restaurará la alegría de la salvación, y nos sostendrá mediante su Espíritu libre.
 Review and Herald, 24 de junio de 1884. 59
 Recibiréis Poder (EGW).

16. ORGULLO QUEBRANTADO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. (Romanos 12: 3).
La aceptación de la verdad es uno de los medios que Dios utiliza para santificar.  Cuanto más claramente la entendamos, y más fieles seamos en obedecerla, más humildes seremos en la estima propia.  En consecuencia, más exaltado será el concepto que tendrá de nosotros el universo celestial.  Cuanto menos egoístas sean nuestros esfuerzos en favor de Dios, seremos más semejantes a Cristo, y, como consecuencia, mayor será nuestra influencia para el bien.

Hay una diferencia abismal entre el espíritu del mundo y el de Cristo.  Uno conduce al egoísmo, que se afana por los tesoros que serán destruidos por el fuego en el día final, y el otro conduce al renunciamiento propio y a la abnegación para obtener los tesoros imperecederos.
Cuando es recibido por la fe, el Espíritu Santo quebranta los corazones contumaces.  Esta es la esencia del poder santificador de la verdad, la fuente de la fe que obra por amor y purifica el corazón.  Toda verdadera exaltación nace de la humillación desarrollada en la vida de Cristo, y demostrada en el maravilloso sacrificio que realizó para salvar a los que perecen.  El que es exaltado por Dios, primero se ha humillado a sí mismo.  El Padre ensalzó a Cristo por sobre todo otro nombre, y sin embargo, al simpatizar con la raza caída, primero descendió a las profundidades de la miseria humana a fin de compartir su suerte con mansedumbre y bondad.  De este modo, estableció el ejemplo que deben seguir todos los que desean participar en su servicio.

"Aprended de mí -dijo el mayor de los Maestros que haya conocido el mundo-, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11: 29).  No es suficiente leer la Palabra de Dios.  Nos fue dada para nuestra instrucción; por eso debemos investigarla con diligencia y cuidado.  Hay que estudiarla comparando un texto con otro.  Ella es la clave para su propia interpretación.  Mientras la estudiemos y oremos, junto a nosotros estará el divino Maestro, el Espíritu Santo, para iluminar nuestra comprensión a fin de que podamos entender las grandes verdades de la Palabra de Dios. Pacific Union Recorder, 23 de febrero de 1905. 58 Recibiréis Poder (EGW).

sábado, 28 de marzo de 2020

15. SOMETER AL TEMPERAMENTO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? 
 Muestre por la buena conducta sus obras en sabia 
mansedumbre. (Santiago 3: 13).
En la escuela de Cristo la humildad es uno de los principales frutos del Espíritu.  La gracia santificadora que imparte el Espíritu Santo, capacita al poseedor para dominar su temperamento impetuoso y apresurado a fin de que permanezca bajo control en todo momento.  Los que en forma natural son huraños y de genio precipitado, harán los mayores esfuerzos a fin de dominar su temperamento reprochable y cultivar la gracia de la mansedumbre.  Cada día irán adquiriendo mayor dominio propio hasta lograr que la falta de afecto y de semejanza a Cristo sea vencida.  Asimilarán el Modelo divino hasta poder obedecer el inspirado mandato: "Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse" (Sant. 1: 19).

Cuando alguien dice haber sido santificado, y en sus palabras y hechos representa la fuente de la cual manan aguas amargas, con seguridad podemos afirmar que es un engañador. Necesita aprender el alfabeto de lo que significa ser cristiano.  Algunos de los que dicen ser siervos de Cristo, por mucho tiempo han abrigado al demonio de la falta de bondad que esos profanos acarician cuando se gozan en pronunciar palabras que desagradan e irritan.  Los tales necesitan convertirse antes de que Cristo los acepte como hijos suyos.

La humildad es la joya interior que Dios aprecia mucho.  
El apóstol dice que es de más valor que el oro, 
y que las perlas o el más costoso ropaje. 

Mientras los atavíos exteriores hermosean únicamente a los cuerpos mortales, la mansedumbre es un ornamento que, además de embellecer, conecta a la persona finita con Dios, que es infinito.  
Este es el adorno que Dios escogió para sí.  El que engalana los, cielos con la luz, por el mismo Espíritu prometió "hermosear a los humildes con la salvación" (Sal. 149: 4). Los ángeles celestiales registrarán como los mejores ataviados a quienes confían en el Señor Jesucristo y caminan con él en mansedumbre y humildad de mente. Review and Herald, 18 de enero de 1881. 57 Recibiréis Poder (EGW).

miércoles, 25 de marzo de 2020

14. TRANSFORMACIÓN DE LOS GUSTOS. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, 
que está viciado conforme a los deseos engañosos. (Efesios 4: 22).
Juan dijo: "La luz -Cristo- en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella... Mas a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1: 5, 12, 13).  La razón por la cual el mundo incrédulo no será salvo está en que no desea ser iluminado.  La antigua naturaleza nacida de sangre y de los deseos de la carne, no puede heredar el reino de Dios.  La desusada manera de ser, las tendencias heredadas y los hábitos cultivados deben abandonarse, de lo contrario, no seremos objetos de la gracia.  El nuevo nacimiento consiste en tener nuevos motivos, otros gustos y tendencias diferentes.

Mediante el Espíritu Santo, todos los que sean engendrados para una nueva vida llegarán a ser participantes de la naturaleza divina, y manifestarán su relación con Cristo en todos sus hábitos y prácticas.  El que pretende ser cristiano y mantiene sus propensiones y defectos de carácter, ¿en qué se diferencia de los mundanos?  Si no aprecia la verdad que refina y santifica, no ha nacido de nuevo...

Nadie imagine que su manera de ser no necesita un cambio.  Los que piensan de este modo, no están en condiciones de incorporarse a la obra de Dios, porque no sienten la necesidad de procurar constantemente alcanzar normas más elevadas y realizar continuos avances.  Nadie puede estar seguro, a menos que desconfíe de sí mismo y fije continuamente su atención en la palabra de Dios, estudiándola con un corazón dispuesto a descubrir sus propios errores, y captar cual es la voluntad de Cristo para que ella sea hecha en sí mismo, y por su intermedio, también en otros. 

 Con sus hechos muestran que no confían en sí mismos, sino en Jesús.  Sostienen y honran la verdad como sagrado tesoro capaz de santificar y refinar.  Se preocupan constantemente de que sus palabras y hechos estén en armonía con esos principios.  Su único temor y temblor es que algún resto del yo sea idolatrado y, de este modo, sus defectos sean imitados por otros que confían en ellos.  Siempre están buscando subyugar al yo, y alejarse de todo lo que tenga vestigios de egoísmo que pueda desplazar la humildad y mansedumbre de Jesús.  Miran a Cristo con el propósito de crecer en él, intentando captar su gracia y luz con el propósito de trasmitirla a otros.
Review and Herald, 12 de abril de 1892. 56
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lunes, 23 de marzo de 2020

13. TRANSFORMACIÓN DEL PENSAMIENTO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Por los demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4: 8).
Cada creyente tiene que realizar una obra individual.  Para ello necesita vigilar sus pensamientos, ser sobrio, y velar en oración. La mente debe ser fuertemente controlada para que se espacie en los temas que fortalecen las facultades morales.  La juventud debe comenzar desde la niñez a desarrollar el hábito de pensar correctamente. 
La mente tiene que ser disciplinada para que piense como corresponde.  No se le debe dar lugar para que se espacie en temas pecaminosos. El salmista exclamó: "Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía y redentor mío" (Sal. 19: 14).

En la medida en que Dios actúa en el corazón por intermedio de su Santo Espíritu, el hombre debe cooperar con él.  Los pensamientos deben ser controlados y refrenados para que no sigan la tendencia a contemplar asuntos que debilitan y corrompen al ser entero.  Si deseamos que el cielo acepte las palabras que expresamos, y que al mismo tiempo sean provechosas para quienes las escuchen, la pureza debe caracterizar nuestra manera de pensar.  Cristo increpó a los fariseos: "¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos?  Porque de la abundancia del corazón habla la boca.  El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro del corazón saca malas cosas.  Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que: hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.  Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado" (Mat. 12: 34-37).

En el Sermón del Monte Cristo expuso ante sus discípulos el gran alcance de los principios de la ley de Dios.  Enseñó a sus oyentes, que a nivel de la mente, se infringe la ley antes que se realice el deseo pecaminoso. Estamos obligados a mantener los pensamientos bajo control para ponerlos en sujeción a la ley de Dios.
 Review and Herald, 12 de junio de 1888. 55
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12. CRUCIFIXIÓN DEL YO. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2: 20).
¿Hemos considerado con sinceridad y seriedad si delante de Dios tenemos una actitud humilde para que, por nuestro intermedio, el Espíritu Santo pueda obrar con poder transformador? 
 Como hijos de Dios tenemos el privilegio de que el Espíritu actúe en nosotros.  Cuando el yo es crucificado, el Espíritu toma al quebrantado de corazón y lo transforma en una vasija honrosa.  Queda en sus manos como la arcilla en poder del alfarero.  Jesucristo quiere dotar a estos hombres y mujeres con un poder moral, mental y físico superior.  Las gracias del Espíritu son las que dan solidez al carácter, y, si ejercen una influencia para el bien, es gracias a Cristo que habita en el creyente.

A menos que el reavivamiento del Espíritu se produzca y el poder de conversión se manifieste en las iglesias, todo lo que puedan profesar los feligreses jamás los hará cristianos.  Hay pecadores en Sión que necesitan arrepentirse de los males que han acariciado como tesoros preciosos.  A menos que los vean, y los extirpen, y que cada defecto y expresión de un carácter sin amor sea transformado en virtud de la influencia del Espíritu, Dios no podrá manifestar su poder.  

Hay más esperanza para un pecador declarado, que para los profesos justos que son impuros, corruptos y sin santidad. ¿Quién desea examinarse? ¿Quién está dispuesto a señalar sus acariciados ídolos pecaminosos y permitir que Cristo purifique el templo interior arrojando a los compradores y vendedores?
 ¿Quién quiere dejar entrar a Jesús para que lo limpie de todo lo que empaña y corrompe?  

La medida es: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" 
(Mat. 5:48). Dios ordena a hombres y mujeres que se liberen del yo; sólo así el Espíritu tendrá libre acceso al corazón. Sin embargo, no intente realizar esta obra por sí mismo. Pídale a Dios que obre en usted, y también por su intermedio, hasta hacer suyas las palabras del apóstol: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo vive en mí" 
(Gál. 2:20). Manuscript Releases, t. 1,  pp. 366, 367. 54 Recibiréis Poder (EGW).

martes, 17 de marzo de 2020

11. UNA MENTE RENOVADA. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento,
 para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Romanos 12: 2).
La parte que al hombre le compete en su salvación es creer en Jesús como Redentor perfecto, no para otro sino para sí mismo.  Debe confiar, amar y temer al Dios del cielo.  Hay cierta obra que debe realizar.  Necesita la liberación del poder del pecado.  Debe ser perfecto para toda buena obra.  Su única seguridad de que está edificando su casa sobre un fundamento sólido, está en cumplir las palabras de Cristo.  Escuchar, hablar y predicar, sin hacer la voluntad del Señor, es como construir sobre la arena.

Los que practiquen las palabras de Jesús tendrán un carácter cristiano perfecto debido a que la voluntad del Señor será la suya. Al contemplar la gloria del Señor, como en un espejo, Jesús, la esperanza de gloria, se reflejará en el creyente. Si es convertido en tema de meditación, Cristo llegará a ser el propósito de las conversaciones. El que lo contemple, deseará reflejar su imagen de gloria en gloria, por el Espíritu del Señor. El hombre, ser caído, puede ser transformado por efecto de la renovación de la mente y, de este modo, probar "cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Rom. 12: 2). ¿Es esto posible? Sí, cuando el Espíritu Santo toma posesión de la mente, del espíritu, del corazón y del carácter. ¿Dónde y cómo se lo prueba?  "Pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres" (1 Cor. 4: 9).

Los frutos de la verdadera obra realizada por el Espíritu Santo son evidentes en el carácter. Así como un buen árbol da buenos frutos, también el árbol que sea plantado en el huerto del Señor producirá frutos para vida eterna. Los pecados dominantes son abandonados, los malos pensamientos no tienen cabida en la mente, y los hábitos pecaminosos son desalojados del templo interior. Las tendencias orientadas en un rumbo equivocado son encaminadas en la dirección correcta. Las propensiones y los malos sentimientos son desarraigadas. Los frutos que produce el árbol cristiano son un temperamento santo y emociones santificadas, los cuales son el resultado de una transformación completa. Esta es la obra que debe realizarse. Pamphlet 28, pp. 8, 9. 53 Recibiréis Poder (EGW).

10. SANTIFICACIÓN DE LOS LABIOS. II. TRANSFORMADOS POR EL ESPÍRITU.


Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, 
y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. (Isaías 6: 7).
Mediante su don celestial, el Señor hizo amplia provisión para su pueblo.  Un padre terrenal no puede dar ni transferir al hijo un carácter santificado.  Únicamente Dios es capaz de transformarnos.  Al soplar sobre sus discípulos, Cristo les dijo: "Recibid el Espíritu Santo" (Juan 20: 22).  Este es el gran don del cielo.  Mediante el Espíritu, el Señor impartió su propia santificación, y dotó a los suyos de su poder para ganar conversos al evangelio.  De allí en adelante Cristo viviría mediante sus capacidades y hablaría por 
intermedio de las palabras de ellos. 

 Los discípulos recibieron el privilegio de saber que desde ese momento eran uno con el Señor. Deberían apreciar sus principios, y ser controlados por su Palabra. Lo que dijeran procedería de un corazón renovado y sería expresado por labios santificados. Dejarían de ser egoístas; Cristo viviría y hablaría por su intermedio. Les dio la gloria que tuvo con el Padre, para que ellos y él pudieran ser unos con Dios. En las cortes celestiales el Señor Jesús es nuestro gran Sumo Sacerdote y nuestro Abogado. Los adoradores no aprecian la solemne posición en la cual nos encontramos respecto a él.  Para nuestro bien presente y futuro necesitamos comprender esta relación.  Si somos hijos suyos, estaremos unidos unos a otros, y vinculados a la fraternidad cristiana.  

Al estar ligados por el mismo vínculo sagrado que une a los que son lavados en la sangre del Cordero, nos amaremos unos a otros del mismo modo como él nos amó. Unidos a Dios en Cristo, hemos de vivir como hermanos. Gracias a Dios contamos con un gran Sumo Sacerdote que ascendió a los cielos: Jesús, el Hijo de Dios. Cristo no entró a lugares santos hechos por mano del hombre, sino en la misma morada de Dios para comparecer ante él por nosotros. En virtud de su propia sangre ocupó los lugares celestiales una vez para siempre para obtener eterna redención para los suyos. General Conference Bulletin, 1º de octubre de 1899. 52
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