sábado, 17 de abril de 2021

17. “REGOCÍJATE EN LA PALABRA”. IV. ORIENTADOS POR EL ESPÍRITU.

Fueron halladas tus palabras, y yo las comí, y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos. (Jeremías 15: 16).

Para poder practicar constantemente la religión de la Biblia necesitamos ser pacientes, abnegados y negamos a nosotros mismos. Si permanentemente hacemos de la Palabra de Dios un principio de vida, cada cosa que hagamos, cada palabra o acto por común que fuere, pondrá de manifiesto que estamos sujetos a Cristo Jesús, al que hemos sometido en cautiverio nuestros pensamientos.  Si la Palabra de Dios es recibida en el corazón, lo vaciará de la suficiencia propia y de la autodependencia. La vida llegará a ser un poder para el bien debido a que el Espíritu Santo henchirá la mente con los asuntos de Dios. Practicaremos la religión de Cristo, porque la voluntad estará en perfecta conformidad con la de Dios.

Algunos que profesan tener la verdadera religión, desafortunadamente dejan la Guía que Dios estableció para señalarnos el camino al cielo. Tal vez leen la Biblia como si se tratara de un libro escrito por la pluma humana. Esto les proporciona sólo un conocimiento superficial. El hablar acerca de la verdad no santifica a los receptores. Podrán profesar que sirven a Dios; pero, si Cristo estuviera entre ellos, escucharían su voz que les dice: "Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios" (Mat. 22: 29). Los tales no pueden saber en qué consiste la verdadera religión.

"Las palabras que yo os he hablado -dijo Jesús- son espíritu y son vida" (Juan 6: 63). Al testificar acerca de la Palabra de Dios, Jeremías dice: "Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón" (Jer. 15: 16). 

En la Palabra de Dios hay tal poder de sanidad que los así llamados sabios y entendidos no pueden experimentar, pero dicho poder ha sido revelado a los humildes. "La exposición de tus palabras alumbra, hace entender a los simples" (Sal. 119: 130). Si se guarda la Palabra en el corazón como si fuera una reliquia, la mente se transformará en la casa del tesoro, de la cual se podrán extraer cosas nuevas y antiguas. Entonces ya no nos producirá placer el pensar en los asuntos comunes de la vida, sino que diremos: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" (Sal. 119: 105).- Review and Herald, 4 de mayo de 1897. 119

AUDIO. https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFw6vQ5YVlIonyXAPELBB7Zt


viernes, 16 de abril de 2021

16. “MEDITA EN LA PALABRA DE DIOS”. IV. ORIENTADOS POR EL ESPÍRITU.

¡Oh, cuánto amo yo tu ley!  Todo el día es ella mi meditación. (Salmos 119: 97).

Los hombres no necesitan la débil luz de las costumbres y las tradiciones humanas para poder entender las Escrituras. Eso sería como suponer que la luz del sol, brillando al mediodía en el cenit, necesitara la escasa lumbre de una antorcha de esta tierra para aumentar su resplandor. En la Biblia, cada, responsabilidad se expone, con claridad y cada lección resulta comprensible. El don de Cristo y la iluminación del Espíritu Santo tienen la finalidad de revelarnos al Padre. La Palabra tiene el poder para hacer sabio a todo creyente en lo que respecta a la salvación.

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Tim. 3: 16, 17). Ningún libro es tan poderoso como la Biblia con sus comprensivas y ennoblecedoras verdades para elevar el pensamiento e impartir vigor a todas las facultades. Si la Palabra de Dios fuera estudiada como debiera, el hombre tendría una amplitud mental, nobleza de carácter y estabilidad de propósitos raramente vista en nuestros días.

Se obtienen pocos beneficios con una escasa lectura de las Escrituras. Uno podría leer toda la Biblia sin descubrir sus bellezas ni comprender la profundidad de su mensaje. Estudiar un texto hasta que resalte claramente su significado y la relación que tiene con el plan de salvación, es de más valor que la lectura ocasional de muchos capítulos sin tener en vista un propósito definido, y sin obtener ninguna instrucción positiva. Tenga la Biblia a mano. Cuando encuentre una oportunidad, léala y memorice los textos. Incluso, cuando camina por la calle, puede leer un versículo y meditar después en el; contenido para fijarlo en su mente.

Nunca debería estudiarse la Biblia sin oración. Antes de abrir sus páginas, debemos pedir al Espíritu Santo que nos ilumine, y esa petición será concedida. Cuando Natanael vino a Jesús, el Salvador dijo: "He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño" (Juan 1: 47). Natanael respondió: "¿De dónde me conoces?  Respondió Jesús, y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi" (Juan 1: 48). Si del mismo modo acudimos a él en busca de iluminación para saber qué es verdad, Jesús también nos verá en el lugar secreto de la oración. Los ángeles del mundo de la luz asistirán a los que humildemente busquen la orientación divina.- Atlantic Union Gleaner, 9 de junio de 1909. 118

AUDIO. https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFw6vQ5YVlIonyXAPELBB7Zt