jueves, 2 de diciembre de 2021

02. SOLDADOS PARA CRISTO. (XII. TRIUNFANTES EN EL ESPÍRITU).

Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. (Efesios 6:13-17).

Los soldados comprometidos en batalla tienen que afrontar dificultades y privaciones. Se les da alimento común, y eso a menudo en cantidad limitada. Día tras día tienen largas marchas sobre caminos ásperos y bajo el sol ardiente, acampando al aire libre por las noches, durmiendo sobre el suelo con sólo el pabellón del cielo por cubierta, y expuestos a las lluvias torrenciales y a las duras heladas, hambrientos, débiles, exhaustos, ya como blanco del enemigo, ya en mortal combate. Así aprenden lo que son las privaciones. 

Los que se alistan en el ejército de Cristo también deben afrontar un trabajo difícil, y con paciencia soportar dolorosas pruebas por amor de Cristo. Pero los que sufren con él también reinarán con él.

Entonces, ¿Quién de nosotros ha entrado al servicio esperando las comodidades de la vida, estar de licencia cuando lo desea, dejar a un lado la armadura de soldado para ponerse ropas de civil, dormir en el puesto del deber y exponer así la causa de Dios al vituperio? 

Los que gustan de la vida fácil no practicarán el renunciamiento propio ni el sufrimiento paciente; y cuando se necesiten hombres que intenten ataques poderosos en favor de Dios, no estarán listos para responder: "Heme aquí, envíame a mí". Debe hacerse un trabajo duro y penoso, pero benditos son los que están listos para hacerlo cuando los llamen por sus nombres. Dios no recompensará a los hombres ni a las mujeres en el mundo del futuro si en éste buscan la comodidad.

Estamos ahora en el campo de batalla. No hay tiempo para descansar, no hay tiempo para la comodidad; deben salir conquistando y para conquistar, y reuniendo fuerzas renovadas para enfrentar nuevas luchas. Cada victoria ganada aumenta el valor, la fe y la determinación. Para sus enemigos, demostrarán ser más que contrincantes mediante la fortaleza divina.

Signs of the Times, 7 de setiembre de 1891. 348

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFxYxSediZEkmM9O7h0NazSc


miércoles, 1 de diciembre de 2021

01. UNA LUCHA ESPIRITUAL (XII. TRIUNFANTES EN EL ESPÍRITU).

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12).

La vida del cristiano es una lucha. Pero "no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes".  

En este conflicto de la justicia contra la injusticia, sólo podemos tener éxito mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe ser sometida a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la divina. Esto traerá al Espíritu Santo en ayuda nuestra, y cada conquista tenderá a la recuperación de la posesión comprada por Dios y a la restauración de su imagen en el creyente.

El Señor Jesús actúa mediante el Espíritu Santo, pues éste es su representante. Por su medio infunde vida espiritual en el corazón, avivando sus energías para el bien, limpiándolo de la impureza moral, y dándole idoneidad para su reino.  

Jesús tiene grandes bendiciones para otorgar y ricos dones para distribuir entre los hombres. Es el Consejero maravilloso, infinito en sabiduría y fuerza, y si queremos reconocer el poder de su Espíritu y someternos a ser amoldados por él, nos haremos completos en él. ¡Qué pensamiento es éste! En Cristo "habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él" (Col. 2:9,10).

El corazón humano nunca conocerá la felicidad hasta que se someta a ser amoldado por el Espíritu de Dios. El Espíritu conforma la vida renovada al modelo, Jesucristo. Mediante la influencia del Espíritu, se transforma la enemistad hacia Dios en fe y amor, el orgullo en humildad. El creyente percibe la belleza de la verdad, y Cristo es honrado por la excelencia y perfección del carácter. Al efectuarse estos cambios, prorrumpen los ángeles en arrobado canto, y Dios y Cristo se regocijan por los que fueron convertidos a la semejanza divina. -Mensajes para los jóvenes, pp. 53, 54. 347