martes, 14 de septiembre de 2021

14. “ISAÍAS” IX. FORTALECIDOS POR EL ESPÍRITU.

Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. (Isaías 6:9,10).

El deber del profeta era claro; debía levantar su voz en protesta contra los males prevalecientes. Pero temía emprender la tarea sin alguna seguridad de esperanza. Preguntó: "¿Hasta cuándo, Señor?" (vers. 11). ¿Es que ninguno de tus hijos escogidos va a entender, arrepentirse y ser sanado? 

El peso que sentía por el errante Judá no debía ser soportado en vano. Su misión no iba a quedar completamente desprovista de frutos. Sin embargo, los males que habían ido multiplicándose durante muchas generaciones no podían eliminarse en su tiempo. 

A lo largo de toda su vida debió ser un maestro paciente, valiente; tanto un profeta de esperanza como también de condenación. Finalmente se lograría el propósito divino, se vería todo el fruto de sus esfuerzos y de las labores de todos los mensajeros fieles a Dios. Un remanente sería salvo. Para que esto sucediera, debía entregarse a los rebeldes mensajes de advertencia y súplica. El Señor declaró: "Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra" (Isa. 6:11,12).

Los terribles juicios que caerían sobre los impenitentes -la guerra, el exilio, la opresión, la pérdida de poder y de prestigio entre las naciones-, todo esto sobrevendría para que los que reconocieran la mano de un Dios ofendido pudieran ser guiados al arrepentimiento. Las diez tribus del reino del norte pronto serían esparcidas entre las naciones, y sus ciudades quedarían desoladas; los ejércitos destructores de las naciones hostiles arrasarían su tierra vez tras vez; aun Jerusalén finalmente caería, y Judá sería llevada cautiva. Sin embargo, la tierra prometida no quedaría completamente desamparada para siempre.- Review and Herald, 11 de marzo de 1915.

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFzZ_A1Yl5Cue5fxawAPGjut

 

lunes, 13 de septiembre de 2021

13. “ELISEO” IX. FORTALECIDOS POR EL ESPÍRITU.

Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. (2 Reyes 2:9).

Podemos aprender valiosas lecciones de la experiencia del profeta Eliseo. Eliseo fue elegido por el Señor como auxiliar de Elías, y mediante diversas pruebas demostró ser fiel a su cometido. Estaba dispuesto a ser y a hacer cualquier cosa que el Señor indicara. No buscaba evitar el servicio más humilde, pero era tan fiel en la realización de los deberes menores como en el desempeño de las responsabilidades mayores. Por más desagradable que pudiera ser para sus inclinaciones naturales, estaba dispuesto a servir en cualquier cargo para el cual el Señor lo designara. Y a cada paso aprendía lecciones de humildad y servicio...

"Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí" (2 Rey. 2:9). No pidió honores mundanales, ni un lugar elevado entre los grandes de la tierra. Lo que anhelaba era una doble porción del espíritu dado a quien Dios estaba a punto de honrar con la traslación. Él sabía que nada, sino una doble porción del Espíritu que había descansado sobre Elías, lo prepararía para ocupar su lugar, porque Elías tenía la experiencia y la sabiduría de la edad, que por ningún método pueden ser impartidas a los jóvenes...

Cuando en su providencia el Señor ve conveniente sacar de su obra a quienes dio sabiduría, él ayuda y da fuerzas a sus sucesores, si éstos están dispuestos a buscar su sostén y a andar en sus caminos. Pueden llegar a ser aún más sabios que sus predecesores; porque tienen la ventaja de beneficiarse con su experiencia y aprender de sus errores.

El Señor tiene un cuidado especial por su iglesia. Quienes busquen sabiduría de él serán luces en el mundo, y brillarán más y más hasta que el día sea perfecto.- Manuscrito 114, 13 de noviembre de 1901. 268

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFzZ_A1Yl5Cue5fxawAPGjut