domingo, 17 de octubre de 2021

17. “AUTOSOMETIDOS” X. PREPARADOS POR EL ESPÍRITU.

Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado de fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. (Apocalipsis 3:18).

En las iglesias habrá una maravillosa manifestación del poder de Dios, pero no descenderá sobre los que no se humillen ante el Señor, ni abran la puerta del corazón mediante la confesión y el arrepentimiento. En la manifestación de ese poder que ilumina la tierra con la gloria de Dios, sólo verán algo que en su ceguera considerarán peligroso y, al despertar sus temores, se prepararán para resistirlo. Como el Señor no obra de acuerdo con sus ideas y expectativas, se opondrán a la obra. "¿Por qué", dicen, "no habríamos de conocer al Espíritu de Dios, cuando hemos estado en la obra tantos años?" Porque no respondieron a las advertencias, los ruegos de los mensajes de Dios, sino que insistentemente dijeron: "Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad" (Apoc. 3:17).

La larga experiencia y el talento no transformará a los hombres en canales de luz, a menos que se pongan bajo los brillantes rayos del Sol de Justicia, y sean llamados, y elegidos, y preparados mediante la dotación del Espíritu Santo. Cuando los que manejan las cosas sagradas se humillen bajo la poderosa mano de Dios, el Señor los ensalzará. Los hará personas con discernimiento y ricos en la gracia de su Espíritu. Sus rasgos fuertes y egoístas de carácter, y su terquedad serán vistos a la luz de la Luz del mundo. "Vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido" (Apoc. 2:5). Si buscan al Señor con todo su corazón, lo hallarán.

¡El fin está cerca! ¡No tenemos un momento que perder! El pueblo de Dios tiene que irradiar la luz en rayos claros y definidos, a fin de presentar a Jesús ante las iglesias y ante el mundo.- Review and Herald, 23 de diciembre de 1890. 302

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFxYbpvM5t67YPIWXD9NDE5p


sábado, 16 de octubre de 2021

16. “LA VOLUNTAD ENTREGADA” X. PREPARADOS POR EL ESPÍRITU.

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Filipenses 2:13).

Cristo prometió el don del Espíritu Santo a su iglesia, y la promesa nos pertenece a nosotros tanto como a los primeros discípulos. Pero como toda otra promesa, está sujeta a condiciones. Hay muchos que creen y profesan aferrarse a lo prometido por el Señor; hablan acerca de Cristo y del Espíritu Santo, y sin embargo no reciben beneficio alguno. No entregan su vida para que sea guiada y regida por los agentes divinos. No podemos utilizar al Espíritu Santo. El Espíritu ha de emplearnos a nosotros. Gracias al Espíritu Dios obra en su pueblo "así el querer como el hacer, por su buena voluntad". Pero muchos no desean someterse a eso. Quieren manejarse a sí mismos. Esta es la razón por la cual no reciben el don celestial.

El Espíritu se da únicamente a aquellos que esperan humildemente en Dios, y que velan para tener su dirección y gracia. El poder de Dios aguarda que ellos lo pidan y lo reciban. Esta bendición prometida, reclamada por la fe, trae todas las demás bendiciones en su estela. Se da según las riquezas de la gracia de Cristo, y él está listo para proporcionarla a toda persona según su capacidad para recibirla.

Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida. Se desechan los pensamientos pecaminosos y se renuncia a las malas acciones; el amor, la humildad y la paz ocupan el lugar de la ira, la envidia y las rencillas. La tristeza es desplazada por la alegría, y el semblante refleja el gozo del cielo. 

Nadie ve la mano que levanta la carga ni capta cómo desciende la luz de los atrios celestiales. La bendición llega cuando por fe el creyente se entrega a Dios. Entonces ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios.  

El Espíritu Santo es el aliento de la vida espiritual. Dar el Espíritu es conceder la vida de Cristo. Infunde en quien lo recibe los atributos del Maestro.- RH, 19/11/1908. 301

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