jueves, 2 de septiembre de 2021

02. “NOÉ” IX. FORTALECIDOS POR EL ESPÍRITU.

Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación. (Génesis 7:1).

En los días de Noé, la maldad del mundo llegó a ser tan grande que Dios no podía soportarla más, y dijo: "Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado" (Gén. 6:7). Pero se compadeció de la raza humana, y en su amor proveyó un refugio para todos los que lo aceptaran. Le dio a Noé el mensaje que debía proclamar a la gente: "No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre" (Gén. 6:3).

Se le indicó a Noé que construyera un arca, y que al mismo tiempo predicara que Dios enviaría un diluvio de agua sobre la tierra para destruir a los impíos. Los que creyeran el mensaje, y se prepararan para ese acontecimiento mediante el arrepentimiento y la reforma, recibirían perdón y serían salvos; pero la resistencia continua a los ruegos y las advertencias del cielo, dadas por su siervo Noé, los separarían de Dios y, como resultado, la misericordia y el amor infinitos cesarían en sus súplicas.

El Espíritu de Dios continuó luchando con el hombre rebelde hasta que casi expiró el tiempo estipulado, cuando Noé y su familia entraron al arca, y la mano de Dios cerró la puerta. El Dios de la misericordia, al dejar el trono de oro, terminó la intercesión por el pecador culpable.

No todos los hombres de esa generación eran paganos idólatras en el más amplio sentido de la palabra. Muchos tenían conocimiento de Dios y de su ley; pero no sólo rechazaron el mensaje del fiel predicador de justicia, sino que utilizaron su influencia para evitar que otros obedecieran a Dios. A todos les llega el día de prueba y de decisión. Esa generación tuvo su día de oportunidad y privilegio mientras Noé hacía resonar la nota de advertencia acerca de la destrucción venidera; pero cedieron sus mentes al control de Satanás antes que al de Dios, y él los engañó, como lo hizo con nuestros primeros padres. Les presentó oscuridad y falsedad en lugar de luz y verdad; y ellos prefirieron sus sofisterías y mentiras, porque les resultaban aceptables al estar en armonía con sus vidas corruptas; mientras que la verdad, que podría haberlos salvado, fue rechazada como un error.- Signs of the Times, 1º de abril de 1886. 257

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFzZ_A1Yl5Cue5fxawAPGjut


miércoles, 1 de septiembre de 2021

01. “ENOC” IX. FORTALECIDOS POR EL ESPÍRITU.

Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios (Hebreos 11:5).

Enoc fue un maestro público de la verdad en su tiempo. Enseñó y vivió la verdad. 

El carácter del maestro que caminó con Dios estaba completamente en armonía con la grandeza y la santidad de su misión. Enoc fue un profeta que habló movido por el Espíritu Santo. Fue una luz en medio de las tinieblas morales, un hombre ejemplar, porque caminó con Dios y fue obediente a esa ley que Satanás se negó a obedecer, que Adán transgredió, y por la que Abel, por haberla obedecido, fue asesinado.

Y ahora Dios demostraría al universo la falsedad de la acusación de Satanás de que el hombre no puede guardar su ley. Mostraría que aunque su criatura pecó, podía relacionarse de tal forma con su Creador que tenía la posibilidad de tener la mente y el Espíritu de Dios, y ser un símbolo representativo de Cristo. Este hombre santo fue seleccionado por Dios para denunciar la maldad del mundo, y para mostrar que es posible que los hombres guarden toda la ley de Dios...

Enoc no sólo meditaba y oraba, y se vestía con la armadura de la vigilancia, sino que después de presentar sus súplicas a Dios se levantaba para instar a los demás hombres a hacer lo mismo. Para tener el favor de los incrédulos, no disfrazaba la verdad ni descuidaba su vida. Esta íntima relación con el cielo le daba valor para llevar a cabo las obras divinas. Enoc caminó con el Señor y "tuvo testimonio de haber agradado a Dios" (Heb. 11:5).

Este es hoy el privilegio de cada creyente. El hombre mora con Dios, y Dios habita con el hombre. "Yo en ellos, y tú en mí" (Juan 17: 23), dice Jesús. Caminar con Dios y tener el testimonio de que sus caminos le agradan es una experiencia que no está reservada solamente a Enoc, Elías, los patriarcas, los profetas, los apóstoles y los mártires. No es sólo el privilegio, sino el deber de cada seguidor de Cristo tener a Jesús entronizado en el corazón. Entonces serán en verdad como árboles que llevan fruto.

 Manuscript 43, 2 de agosto de 1900. 256

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFzZ_A1Yl5Cue5fxawAPGjut