domingo, 2 de mayo de 2021

02. “EN TIEMPO DE PRUEBAS”. V. ACOMPAÑADOS POR EL ESPÍRITU.

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. (Hebreos 4: 15).

Cristo reside en el que lo acepta por la fe. Al creyente puede sobrevenirle pruebas, sin embargo el Señor lo acompañará. La zarza ardiente no fue consumida por la presencia del Señor. Las llamas no destruyeron ni una fibra de sus hojas. Lo mismo sucederá con el débil agente humano que pone su confianza en Jesús. El horno de la tentación puede arder, la persecución y la prueba sobrevenir, pero únicamente la escoria será consumida. Semejante al oro, el proceso de la purificación le dará más brillo.

Quien está en el corazón del creyente fiel es mucho mayor que aquel que controla la vida de los infieles. No se queje de las pruebas que le sobrevengan. En ese momento, recuerde centrar su atención en Cristo, cuya divinidad se revistió de humanidad para que podamos comprender cuán fuerte es su interés por nosotros.  Su identificación plena con la humanidad doliente lo prueba. El gustó la amarga copa de la tristeza humana, y, a semejanza nuestra, fue tentado en todo, a fin de que al ser asaltados por el maligno podamos recibir el socorro oportuno.

El dice: "Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre" (Isa. 13: 12). Lo hará dándole el Espíritu Santo. También asegura: "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Lucas 11: 13).

El Señor nos ha orientado para que en Dios veamos a un Padre y lo consideremos como la fuente del afecto, el manantial de ese amor que a lo largo de los siglos ha estado fluyendo por intermedio del corazón humano. Toda la piedad, la compasión y el amor que se ha manifestado en la tierra siempre emanó del trono de Dios, y, comparado con el amor que habita en su corazón, el nuestro es como una fuente al lado del océano. 

Dicho amor ha estado fluyendo perpetuamente para fortalecer al débil, darle apoyo al pusilánime y valor moral al inconstante. Dios actúa por intermedio de Jesús; por eso, el ser humano puede acudir al Padre en el nombre de su Hijo.  Nuestra ciencia y nuestro canto es: "Escuchen lo que el Señor ha hecho por mí".-  Signs of the Times, 5 de marzo de 1896.134

AUDIO. https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFzYiJ_3Qer1djKIxMXbo7sk

 

sábado, 1 de mayo de 2021

01. “CON NOSOTROS PERMANENTEMENTE”. V. ACOMPAÑADOS POR EL ESPÍRITU.

No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. (Juan 14: 18).

Cristo deseaba que sus discípulos entendieran bien que él no los abandonaría. "No os dejaré huérfanos -declaró-; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis" (Juan 14: 18, 19). ¡Preciosa y gloriosa garantía de vida eterna! Aunque tenía que ausentarse, la relación que ellos podrían tener con él era la misma que existe entre un niño y sus padres.

"En aquel día -Continuo diciendo- vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros" (Juan 14: 20). Deseaba que sus discípulos entendieran bien la diferencia que hay entre los que son de este mundo y los que están en Cristo.  Estaba próximo a morir, pero anhelaba que tuvieran la certeza de que volvería a vivir.  Y después de la ascensión, aunque para los discípulos estuviera ausente, sin embargo, mediante la fe podrían verlo, conocerlo y saber que él continuaría teniendo el mismo interés y amor que les manifestó cuando estuvo con ellos...

Podemos saber qué les prometió a los discípulos porque ellos mismos nos transmitieron su mensaje. El Consolador nos pertenece a nosotros tanto como a ellos en todo tiempo y lugar, en toda tristeza y aflicción, cuando la perspectiva parece sombría y el futuro incierto, o cuando sentimos que estamos solos y desamparados. Esas son las situaciones cuando el Consolador es enviado en respuesta a la oración de fe.

No hay quien nos consuele como lo hace Cristo, tan tierno y verdadero. Él es sensible a nuestros sentimientos de flaqueza.  Su Espíritu habla a nuestros corazones. Las circunstancias pueden separarnos de nuestros amigos, y el inmenso y agitado océano interponerse entre nosotros y ellos.  Aunque la amistad sincera de ellos se mantenga, podría ser que su incapacidad no les permita hacer por nosotros algo que agradeceríamos muchísimo. Sin embargo, no hay situaciones ni distancias que puedan separarnos de nuestro Consolador celestial. Doquiera estemos o vayamos, siempre estará a nuestro lado quien nos fue dado en lugar de Cristo, y actuará en su nombre.  Siempre estará presente para confortamos con expresiones apacibles que sustentan, sostienen, afianzan, defienden y alegran.

La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en cada creyente. Actúa en y por intermedio de todos los que reciben a Cristo. Los que aceptan que el Espíritu habite en ellos, el fruto de su vida lo hará evidente: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad y fe.- Review and Herald, 26 de octubre de 1897. 133

AUDIO. https://youtube.com/playlist?list=PLvgp0opDuRFzYiJ_3Qer1djKIxMXbo7sk