lunes, 13 de enero de 2020

I. LA VENIDA DEL ESPÍRITU: 24. EL ESPÍRITU NOS ILUMINA.


Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. (Juan 12:35).
Jesús dijo: "Andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas".  
*JUNTA CADA RAYO; *No dejes pasar uno. * Anda en la luz.  
*Practica cada precepto de la verdad que te fue presentada.  
*Vive cada palabra que sale de la boca de Dios y como resultado, seguirás a Cristo en todos sus caminos. Cuando el Señor presenta una evidencia tras otra, y agrega más luz a la ya concedida, ¿por qué el creyente necesita vacilar? ¿Por qué es tan negligente para avanzar guiado por la luz hacia una luminosidad mayor?       
               
   
El Señor no rehúsa dar el Espíritu a quien se lo pide. Cuando la convicción toca las cuerdas sensibles de la conciencia, ¿por qué no prestarle oídos para escuchar la voz del Espíritu de Dios? Cada vacilación y postergación nos sitúa en una posición en la que nos resulta cada vez más difícil aceptar la luz celestial y, por último, parece imposible que las admoniciones y advertencias nos impresionen.  Los pecadores expresan cada vez con mayor facilidad: "Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré"  
(Hech. 24: 25).

Conozco los peligros en que se encuentran los que rehusan andar en la luz que Dios les ha dado. Ellos mismos provocan la terrible crisis por seguir sus propios caminos y proceder según su criterio personal.  
La conciencia resulta cada vez menos sensible y la voz de Dios parece cada vez más lejana; así es como el obrador de maldad queda liberado a su propia infatuación. Con obstinación resiste cada llamado, desprecia cada consejo y advertencia. Como el mensajero de Dios ya no impresiona su mente, rechaza cada provisión que garantiza su propia salvación.  

El Espíritu de Dios deja de ejercer su poder para refrenar. Como consecuencia, se escucha la sentencia: "Efraín es dado a ídolos; déjalo" (Ose. 4: 17). ¡Oh, cuán obscura, sombría y obstinada es la independencia! Parece que la insensibilidad de la muerte se apoderara del corazón. Este es el proceso que sigue el que rechaza la obra del Espíritu Santo. Review and Herald, 29 de junio de 1897. 35  
Recibiréis Poder (EGW).


sábado, 19 de octubre de 2019

05. LA MEJOR DE TODA LAS CIENCIAS "EL REINO DE DIOS EN EL CORAZÓN".


JESUS Y LA POLITICA
El gobierno bajo el cual Jesús vivía era corrupto y opresivo; por todos lados había abusos clamorosos: extorsión, intolerancia y crueldad insultante.

SIN EMBARGO, el Salvador no intentó hacer reformas civiles, no atacó los abusos nacionales ni condenó a los enemigos nacionales. No intervino en la autoridad ni en la administración de los que estaban en el poder.

El que era nuestro ejemplo se mantuvo alejado de los gobiernos terrenales. No porque fuese indiferente a los males de los hombres, SINO PORQUE EL REMEDIO NO CONSISTÍA en medidas simplemente humanas y externas. Para ser eficiente, la cura debía alcanzar a los hombres individualmente, y debía regenerar el corazón. -DTG 470.

Algunos de los fariseos habían venido a Jesús y le habían preguntado "cuándo había de venir el reino de Dios". Habían pasado más de tres años desde que Juan el Bautista diera el mensaje que a manera de toque de trompeta había repercutido por el país: "Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3: 2). Y sin embargo los fariseos no veían señal alguna del establecimiento del reino. . .

Jesús contestó: "El reino de Dios no vendrá con advertencia [manifestación exterior, VM] ni dirán: Helo aquí, o helo allí porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está. No busquéis aquí o allí manifestaciones de poder terrenal que señalen su comienzo. -Id. 467. Las obras de Cristo no sólo declaraban que era el Mesías, sino que manifestaban cómo iba a establecerse su reino. . . 

El reino de Dios no viene con manifestaciones externas. Viene mediante la dulzura de la inspiración de su Palabra, la obra interior de su Espíritu, y la comunión del alma con Aquel que es su vida. La mayor demostración de su poder se advierte en la naturaleza humana llevada a la perfección del carácter de Cristo. . .

Cristo vino a la tierra, y se presentó ante los hijos de los hombres con el atesorado amor de la eternidad, y tal es el caudal que, por medio de nuestra unión con él, hemos de recibir para manifestarlo y distribuirlo.-MC 23, 24. 17